Día 11
Glacier National Park

El segundo día amanecimos bien tempranito en el otro lado del parque y nuestra idea era visitar las cascadas y un lago que nos recomendó el Ranger el día anterior.

Hasta llegar a la zona de la caminata hay más de hora y media de coche. Lo bueno es que las vistas son grandiosas, es difícil capturarlo en fotos. Hicimos alguna parada para ir haciendo fotos.

Mis pies y mis rodillas recordaban la caminata del día anterior y pensaba que nunca iba a sufrir tanto otra vez, iluso de mi.

Iniciamos la caminata y a medida que avanzaba me iban surgiendo dudas… ¿si vas de un punto a otro porque no haces el camino recto? Subir no me importa si hay un objetivo claro, bajar menos, pero subida-bajada subida-bajada subida-bajada, ¿estamos tontos? eso es perder energías, ¿por qué el campo no es recto?

Varios kilómetros después, llegamos a la cascada. Para mis adentros pensé que la relación esfuerzo-resultado me era desfavorable, no estaba mal, pero esperaba 100 metros de cascada.

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La realidad es que gracias a unos que había por ahí nos enteramos que nos habíamos equivocado así que volvimos al principio y empezamos nuevamente otro trail igual de extenuante, subida-bajada, subida-bajada, subida-bajada, esta vez las cascadas eran más espectaculares

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Después de tanto caminar pudimos hacer bastantes fotos chulas, lo que cobró un nuevo sentido fue la frase “nido de víboras . No tengo ni idea que especie son, pero vimos un nido de serpientes. Brutal el comportamiento que tienen, parece que no les gustaba que estés allí y varias reptaban hasta el punto que estuvieses, y te perseguían si te alejabas.

 

El resto del camino encontramos más bichos, nuestras amigas las ardillas, las ves a lo lejos, asomadas, subidas a una piedra, observando. Además si te acercas y las asustas gritan, posiblemente avisando al resto de la colonia.

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Y os presento las cacas de Moose

Después de las dos caminatas comimos unos sándwiches sentados de cualquier manera. Queríamos ver otro lago que nos había recomendado el Ranger también. Vane estaba mejor, pero yo sentía como latían mis pies y mis rodillas crujían como un juguete roto.

Fuimos hasta el punto de partida del trail, y a continuación iniciamos el camino, arriba, arriba, arriba, abajo, abajo, abajo, arriba, arriba, abajo, abajo. Parte del camino era por nieve, pero en cambio hacía un sol de castigo, curiosa la sensación.

Finalmente llegamos, la verdad que muy chulo el lago, nos había contado el que nos recomendó el camino que había “miles y miles” según él de unas cabras que son típicas de este parque peludas, pero estaban leeeeeeeeeejos en la ladera de la montaña.

Ya para rematar el día, sabíamos que en una carretera era posible avistar fauna, de manera que la recorrimos en un sentido y otro. Conseguimos ver oso y un moose muy oculto, ciervos. Después de 12 horas llegamos exhaustos al hotel y yo de ese día solo recuerdo sudor y lágrimas, menos mal que hice fotos.

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