Día 10
Kyoto 2

A continuación buscar el bus, que líos nos hacemos siempre, y por fin llegamos al siguiente que queríamos visitar. El día seguía gris, una pena, porque las fotos siempre son mejores con buena luz. La afluencia de turista se empezaba a notar más a medida que avanzaba el día.

Castillo de Nijo

Construido en 1603 como residencia del primer shogun hasta 1867 que se abolió el shogunato y japón se abrió al exterior, el castillo se utilizó brevemente como palacio imperial y finalmente se dono a la ciudad de Kyoto.

Las atracciones principales del castillo son las salas de tatami, techos y puertas correderas japonesas y lo más curioso el “suelo del ruiseñor” que chirrían cuando caminas por encima. En su momento servían como medida de seguridad porque es imposible caminar por los pasillo sin que suene un sonido de canto de ruiseñor.

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Santuario de Heian

Comimos algo sobre la marcha comprado en un 7eleven en plan rápido sentados en medio de ningún sitio y continuamos en busca del Santuario de Heian. Nuevamente nos costó un montón llegar, está claro que somos torpes, pero es que las paradas no todas tienen las direcciones en inglés, y todo en japonés no nos enterábamos. Además si te quieres orientar es muy curioso que el típico plano de calles que encuentras en una parada no siempre el norte está arriba, cada plano puede tener una orientación diferente, y uno esta arriba, el otro está boca abajo, y todo está colocado de otra manera, un poco lioso.

La historia de este Santuario es curiosa, durante casi 1000 años el emperador vivió en Kyoto  pero en a finales del 1800 japón se abrió al exterior y la capital se traslador y con ella el emperador. Eso causó un periodo de decadencia en Kyoto además que los estilos foraneos competian con los tradicionales. El emperador para resarcir a Kyoto decidió construir una réplica del palacio que exisitó en el 876 y 1058.

Este santuario es muy diferente a lo que habíamos visto durante ese día y nos pareció espectacular.

Ginkakuji

Nuestra siguiente parada ya por la tarde el Pabellon de Plata. A pesar del nombre no se encuentra plata y fue construido por el nieto del constructor del Pabellón de Oro.

Lo más impresionante no es el edificio, sino los jardines que son increíbles.

Por último ya estábamos cansados y yo andaba con un dolor de pies tremendo así que hicimos una última parada en Pontocho, una zona de comercio y restaurantes, dimos una vuelta y ya nos volvimos para el hotel.

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