Día 14
Hiroshima y Himeji

Cuando planificas un viaje siempre has de tener en cuenta que algún día será lluvioso. En el viaje tuvimos dos días nefastos, este fue el primero.

Hiroshima

El 6 de agosto de 1945 Hiroshima se despertó apenas sin nubes, mostrando sin complejos el azul de un cielo iluminado con un Sol radiante y limpio. Parecía un día normal en una ciudad que sorprendentemente no estaba sufriendo los desastres de la II Guerra Mundial, algo que no ocurría en demasiados lugares de Japón. A las 8:16 h. explotó Little Boy con una potencia equivalente a la de veinte mil toneladas de TNT sobre un área de cinco kilómetros cuadrados que quedó completamente arrasado en menos de un segundo.

La sucesión de daños fue tan veloz como exterminadora. Una enorme bola de fuego, primero violeta y después totalmente blanca, alcanzó varios cientos de miles de grados centígrados en tan sólo 16 milésimas de segundo. Quienes vieron esa luz se quedaron irremediablemente ciegos de por vida. A 25 milésimas de segundo el diámetro de la bola fue de 300 metros. Más de 50000 personas fueron literalmente “vaporizadas” bajo la luz ardiente. A 60 milésimas de segundo el efecto pulverizador se extendió a kilómetro y medio del centro de la explosión carbonizando con radiación infrarroja absolutamente todo lo que encontró a su paso. Tras 2 segundos la  energía liberada provocó un soplo de aire hirviente que golpeó a 1500 kilómetros por hora. La descomunal onda produjo una presión de hasta 10 toneladas por metro cuadrado que no dejó nada en pie en un radio de dos kilómetros y medio. La ola de viento y fuego tuvo un efecto dominó en toda la ciudad, dejando caer primero y aniquilando después todas y cada una de las piezas en forma de edificios, casas, trenes o tranvías, convertidas a su vez en punzante y peligrosa metralla viajando a casi mil kilómetros por hora. La bola de  fuego ascendió hacia el cielo formando un hongo de nubes de uncolor que mezclaba el púrpura y el blanco que alcanzó los 12000 metros de altura visible con absoluta claridad a más de 20 km de allí.

A cinco segundos de la explosión tan sólo quedaban en pie, al menos parcialmente, un 8% de las construcciones de toda la ciudad. Se formaron cientos, miles de incendios en todas partes, que se terminaron de comer los trozos de piedra que habían aguantado la furiosa embestida. Durante varios minutos vientos de 500 grados se pasearon por Hiroshima recreando un infierno sin oxígeno. Más de cien mil personas, en su mayoría civiles, habían perecido de forma instantánea. Los que más suerte tuvieron se habían pulverizado en el aire antes de cumplir un segundo. Otros en cambio fueron carbonizados o severamente sepultados debajo de sus casas, de sus  centros de trabajo o de sus colegios. A diez kilómetros de la “zona cero” miles de personas yacían muertas o se arrastraban unos metros antes de hacerlo.

El color desapareció completamente en una escena en blanco y negro. La desolación y el dolor se desgarraban al unísono con lágrimas de sangre y gargantas quebrándose pidiendo auxilio. Los supervivientes eran meros cadáveres deambulando que no entendían qué les estaba sucediendo. Tenían sed, necesitaban beber para aliviar su asfixia y demandaban agua entre sollozos. Pero una mísera gota podía fulminar sus escasas esperanzas de vida por lo que rápidamente se pidió a los ciudadanos que si querían sobrevivir, no debían beber. La mayoría desoyó las recomendaciones y cayeron justo después de tratar de saciar su sed.

Arrancamos el día muy temprano tomamos el ferry de Miyajima y un tren hasta Hiroshima. La ciudad tiene tranvía, así que nos animamos a tomar uno hasta el Parque conmemorativo de la paz que son unos 15 minutos, tuvimos que andar preguntando porque somos un poco torpes con los transportes públicos.

Bajamos junto al emblemático edificio que se mantuvo de pie durante la explosión. Hace solo 70 años ahí estalló la primera bomba nuclear contra civiles y mató alrededor de 200.000 personas, las afortunadas de forma instantánea y muchas otras a las pocas horas con sufrimiento y otras con el tiempo debido a la radioactividad y secuelas. La sensación que teníamos mientras llovía abundantemente era de tristeza. Todo era gris.

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Avanzamos hacía el resto de monumentos, y allí estaba la llama que se encendió y que no se apagará hasta que desaparezca la última bomba atómica en el mundo.

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También pudimos ver otros monumentos como el dedicado a los niños, que se construyó con fondos recolectados de miles de escolares y en el que puedes encontrar grullas hechas de papel enviadas desde miles de lugares. Tiene una historia bonita. Y por supuesto en lugar exacto donde estalló la bomba

Dado como llovía tampoco pudimos estar demasiado rato porque era muy incómodo, así que nos dirigimos al museo. Una de las alas del museo está en obras y en unos cuantos años estará nuevamente disponible. Realmente el museo necesita una buena reforma. El mundo ha cambiado y la manera de contar las cosas es diferente. Se ve anticuado aunque es conmovedor. El museo se centra únicamente en la bomba atómica y en la catástrofe en si misma y no toma referencias ni cuenta como se llegó a esa situación, la guerra en que momento estaba, cómo se vivió en los dos bandos, que pasó a continuación. Resulta algo descontextualizado, tal vez en el momento que se construyó el museo no era el momento.

El museo cuenta los horrores de una bomba atómica y el sufrimiento infinito que soporta la población civil, indefensa, matando por igual sea niño o no. Hay imágenes bastante duras, restos humanos, efectos de la radiación.

 

Después de nuestra visita a Hiroshima, tomamos el camino hacia Himeji. Tranvía y tren y unas cuantas horas por delante con una sensación extraña.

Himeji

La ciudad de Himeji alberga el Castillo de Himeji o conocido también como “El Castillo de la garza blanca”, posiblemente el castillo más importante de todo Japón y que ha estado muchísimos años cerrado por restauración y que solo hace unos meses vuelve a estar abierto.

El castillo tiene casi 700 años, y ha sido propiedad de varios clanes a lo largo de la historia incluso fue el cuartel de la infantería del ejercito imperial japones.  Actualmente está formado por su torre principal, que se compone de la torre mayor, la torre menor  y sus ocho watariyagura, que en conjunto son un Tesoro Nacional de Japón. Además hay unas 74 estructuras, 27 watariyagura, 15 puertas y 32 murallas que han sido designadas como Propiedades Culturales Importantes de Japón . En 1993 la Unesco designó el conjunto como Patrimonio de la Humanidad.

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El castillo me pareció impresionante a pesar del día terrible que hacía, gris y lluvioso. En su momento recuerdo estar muy gruñón, había muchísima gente y muy incómodo con la lluvia. Pero el recuerdo es espectacular. Tiene multitud de murallas que vas atravesando por puertas fuertemente protegidas y con ventanas con forma como de cono cuadrado que permiten atacar y ser difícilmente atacado.

El interior es todo de madera y enorme, y el complejo sin duda puede albergar miles de hombres. Escaleras empinadas para subir de una planta a otra, lugares en diferentes plantas para guardar armas en las paredes. Tal vez como crítica podría tener más elementos de la época para hacernos a la idea de como vivían, comían, se entrenaban y luchaban en el castillo.